Hegel indica de manera incidental que el hombre tiene, «por decirlo así, el privilegio de la locura», pues sólo a él «le es concedido pensarse en [un] estado de completa abstracción del YO». «Lo que hace que pueda fijarme en una representación particular inconciliable con mi realidad concreta, escribe, es que primero soy un yo completamente abstracto e indeterminado, y que como tal, puedo admitir un contenido arbitrario y forjarme las representaciones más vacías, creer que soy un perro por ejemplo o bien imaginar que puedo volar, porque hay bastante espacio ante mí para volar, o porque hay otros seres vivos que vuelan». El hombre no coincide consigo mismo, dicho de otra manera, no está encerrado en el círculo de su realidad bruta, de tal manera que no podría engañarse a sí mismo. Se piensa, se determina él mismo, se dice a sí mismo lo que es por mediación del sentido y dentro del campo general del significado. Se habla y se significa, diríamos en lenguaje más moderno. Por e...